EIB 1 – 3 RM: Como el aceite

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Fue un partidazo el jugado entre Eibar y Real Madrid (1-3), decidido en el alargue con un gol de Lucas Vázquez. El Madrid pasó de arrasar a vivir con el agua al cuello, de ser Leonardo DiCaprio en El Lobo de Wall Street al de Titanic. Benzema, Modric y Lucas Vázquez fueron los goleadores blancos en un partido esforzadísimo de los de Zidane, donde ninguno de los dos equipos se guardó nada. Apetecía ya un partido de fútbol de verdad, y lo que se vivió en Ipurua lo fue. Y los de Zidane volvieron a demostrar que son como el aceite, el Madrid nunca se hunde.

Salió el Real Madrid a Ipurua como el abusón del patio del colegio. Los de Zidane, sin Vinicius pero con Rodrygo, hicieron unos quince primeros minutos en el estadio armero en que podrían haberle denunciado por bullying. Con Modric repartiendo (pases) a diestro y siniestro y con Benzema como il capo di tutti capi, el Real Madrid se puso 0-2 arriba en trece minutos, con un buen gol de Karim tras un maravilloso pase de Rodrygo y un tremendo chicharrazo de Modric tras un jugadón del equipo culminado con un detalle de calidad del francés. El Eibar no sabía ni dónde estaba, ni tenía profesor cerca al que chivarse del abuso.

El Madrid estaba jugando a otra cosa. Velocidad de balón, movilidad de sus jugadores, atacando el espacio y una precisión tan tremenda que todos, hasta Mendy y Varane, parecían Kroos. Benzema tuvo un cabezazo para hacer el 0-3 a los 16 minutos, parecía más complicado no embocar ese sensacional pase de Modric. Y a partir de ahi, el Eibar comenzó a encontrarse en el partido. Con todo perdido, con la posibilidad de llevarse una goleada de escándalo, el equipo armero tiró de valor, de ganas y de oficio. Y el partido se volvió precioso.

El primero en aparecer fue Bryan Gil. El extremo barbateño es una delicatessen digna de la Feria del Atún Rojo de su localidad. Encarador, vertical, incisivo, trabajador. Comenzó a convertirse en un suplicio para Carvajal y, en cuanto Kike García decidió sumarse a la fiesta descomponiendo a Varane y Pozo se quitó los nervios para llegar desde el costado derecho, el Eibar comenzó a acercarse a la portería de Courtois. Precisamente el delantero marcó el 1-2 al filo de la media hora con una rosca de esas que acostumbraba a meter Isco, pero perfeccionada: la clavó a cámara lenta justo en la escuadra. Un gol de una plasticidad que podría parecer imposible que se marcara en Ipurua, con sus edificios de Protección Oficial rodeando el coqueto pero pequeño campo guipuzcoano.

El Eibar apretó y decidió morir con sus armas, jugando a lo que sabe. Y el Madrid tuvo que arremangarse, comenzar a correr y comprendió que o se dejaban cinco litros de sudor por barba o los tres puntos podían escaparse. El japonés Muto tuvo el 2-2 con un remate casi sin querer, mientras que Benzema veía cómo le anulaban un tanto por fuera de juego y Bigas salvó bajo palos un mano a mano de Lucas Vázquez con Dmitrovic. Llegaba el descanso, y eso fue lo peor que pasó en el partido hasta entonces. Porque aquello que había sobre el campo estaba siendo un partido de fútbol precioso.

Y era verdad. Porque aunque la segunda parte continuó deparando un encuentro de fútbol fabuloso, la precisión, la intensidad y el ritmo bajaron un par de décimas en la escala futbolística. El Eibar no se rendía y el Madrid comenzaba a acusar físicamente, con Modric con la lengua fuera, todo lo sucedido en la primera parte. Pero si el croata aparecía extremadamente fatigado, Kroos decidió recoger el testigo para, con sus desplazamientos largos y su movilidad, permitirle a los blancos recuperar el resuello. Muto tuvo una ocasión de cabeza muy clara, pero ya quedaban sólo veinte minutos para el finak y el cansancio también provocó que Bryan Gil dejara de tener incidencia en el partido.

Lo que quedaba, después de esa vibrante primera mitad, fue la pelea. Dos equipos que se negaban a dar su brazo a torcer: corriendo, empujando, dejándose todo sobre el campo. El Madrid pasó de la exhibición al sufrimiento. Pero así, exactamente así, sufriendo, fue como se acabó llevando la primera Liga post-COVID, la del curso pasado, un posible penalti por codo de Ramos que el VAR mandó al limbo y una intervención del camero ante Bigas en la prolongación evitando un uno contra uno de Bigas ante Courtois, muy poco antes de que Lucas Vázquez, que no tuvo un buen partido, apuntillase los tres puntos al tablón con un gol en el alargue. Este Madrid, sí, es como el aceite y nunca se hunde.

 





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