El Madrid se gripa y vuelve el ruido

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Esta vez el Real Madrid no jugó en el frío y hielo de Pamplona. Se enfrentó al Athletic en Málaga, con el césped inmaculado y la misma alineación que contra Osasuna. Perdió. No fue una derrota de las que dejan huella en la historia –la Supercopa es un título menor en la escala futbolística-, pero se adivinan consecuencias. Vuelve a incrementarse la presión sobre el entrenador y los jugadores. Uno de ellos, Hazard, encabeza la lista de criticados. No termina de arrancar.

Se presumía una final Barça-Real Madrid para dirimir el primer torneo de 2021, organizado ahora con un formato de tres partidos. No se jugará la final entre los dos colosos, la que se anticipaba en los pronósticos y la soñada por el negocio. El Madrid ha regresado al perfil plano que tantos problemas le causó a principios de temporada: derrotas con el Shakhtar Donetsk, Cádiz, Valencia y Alavés. En los últimos cuatro partidos, ha perdido con el Athletic y ha empatado con el Elche y Osasuna. Atrás queda la fulgurante crecida de diciembre.

El equipo está gripado. Frente al Athletic, que llegaba al partido después de destituir al entrenador hace 12 días y de perder con el Barça en la Liga, se estrelló en la primera parte y sólo encontró a Asensio como garantía de peligro. Sus poderosos remates de media distancia causaron pánico –dos tiros a los palos-, pero no recibió mucha compañía.

Raúl García, autor de dos goles en el Madrid-Athletic del jueves, junto a su compañero Capa (en segundo plano) y a Hazard.

La noche confirmó que Hazard no está en buenas condiciones y que empieza a temerse por su recuperación. Benzema, excepcional en las dos últimas temporadas, apenas apareció en la primera parte. La firme, decidida y bien ejecutada presión del Athletic trastornó el juego del Madrid en el primer tiempo. El equipo tomó malas decisiones –confirmadas en los dos goles del Athletic-, no conectó las líneas y pareció sorprendido por el empaque del rival. El Athletic robaba, muchas veces en campo del Madrid, y atacaba rápido y profundo. Sabía lo que quería. El Madrid, no.

Hace tres semanas, el Real Madrid pasó un rato malísimo con el Athletic en la Liga. Dirigido entonces por Garitano, presionó con ferocidad al Madrid. La expulsión de Raúl García en el minuto 13 cambió el formato general. Aun así, el Madrid apenas generó ocasiones y Courtois evitó el empate en el último minuto del encuentro con una maravillosa intervención.

Raúl García atormentó en Málaga a los centrales del Madrid y se redimió de aquella mala noche. Durante una hora, el Madrid fracasó. El Athletic, al igual que Osasuna, brindó el carril izquierdo a Mendy y procuró sellar todas las demás rutas a su área. La ecuación que hacen los equipos que se enfrentan al Madrid es sencilla: descuentan al menos dotado para resolver situaciones ofensivas. Mendy llega mucho y con permiso, pero soluciona muy pocos ataques.

El Madrid jugó mal por dentro y por fuera. Sólo el desplome físico de Balenciaga, sin apenas partidos en los dos últimos años, descosió el lado izquierdo del Athletic. Asensio hizo todo por aprovecharlo. La madera se lo impidió. Más que por juego, insípido en el primer tiempo, espeso en el segundo, el arreón del Madrid en el segundo tiempo se debió a su estado de necesidad y al cansancio de los jugadores del Athletic.

Marcelino lo interpretó bien. Cambió titulares fatigados por suplentes con poco bagaje. El Athletic necesitaba piernas frescas más que otra cosa. Terminó el partido con jugadores como Núñez, Lekue, Morcillo, Vesga y Villalibre, además de Berenguer, el único fichaje de este año. Terminaron presionando en el campo del Madrid y generando una gran ocasión de gol. Su victoria es un enorme chute de optimismo en su decaída trayectoria. El Madrid vuelve a bajar peldaños y el ruido ya se percibe.



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