EL REPORTAJE «Miedo, no; pero era desagradable y peligroso

by


Enrique Ortego

Por

Esta noche el Real Madrid visitará por primera vez el flamante nuevo estadio de El Sadar y además sin público. Muy pocos de los componentes de la expedición tendrán conocimiento de lo que en la década de los 80 significaba para el equipo blanco jugar en el viejo Sadar contra Osasuna. Solo el delegado, Miguel Porlan, Chendo, vivió en directo aquella rivalidad y puede contar de primera mano cómo eran aquellos partidos en los que las gradas del estadio desaparecían tras el humo rojo de las bengalas y la integridad física de los hombres vestidos de blanco corría cierto peligro porque el lanzamiento de cualquier objeto que pudiera transformarse en proyectil estaba a la orden del día.

Ni los aficionados más veteranos de Osasuna saben concretar con exactitud el por qué y cuándo comenzó esa rivalidad con el Real Madrid que no existía con ningún otro club. En las peñas y cuadrillas ‘rojillas’ más veteranas se manejan un par de teorías para explicar la génesis y las razones por las que la visita de los blancos era considerada ‘non grata’. Por los ingredientes que contienen ambas, encierran un alto grado de credibilidad. En una de las tesis, la animadversión contra los del Bernabéu viaja en el tiempo hasta mediados del siglo pasado.

En la temporada 1956-57, Osasuna consiguió su primer triunfo en casa ante el Real Madrid (2-0) y a la siguiente, la víspera de Reyes de 1958, en el estadio de San Juan, (El Sadar no se inauguró hasta 1967) se produjeron los primeros incidentes graves en forma de agresión al árbitro, González Echevarría, por parte de un iracundo aficionado que saltó al campo. Su detención fue inmediata, pero minutos después Marquitos, defensa del Real Madrid, fue alcanzado por una botella y quedó tendido en el césped.

El partido estuvo a punto de suspenderse y solo tras una reunión entre la Policía Armada, como se llamaba entonces, el delegado de campo y los dos capitanes se decidió continuar para evitar males mayores. El ambiente estaba bastante enrarecido y solo el gol de Marañón, que dio el triunfo a los rojillos, tranquilizó un poco los ánimos.

La segunda versión sobre la antipatía al club madridista se centra en la temporada 1962-63 cuando en la antepenúltima jornada, el Real Madrid de Puskas (autor del gol), Gento y Amancio, entre otros, que ya era matemáticamente campeón de Liga, empató en el estadio de San Juan y Osasuna acabó descendiendo a Segunda. En Pamplona se entendía que los blancos se podían haber tomado el partido con más relajación. Los ‘rojillos’ no volvieron a ascender hasta la 79-80 y justo al curso siguiente, en la primera visita de los blancos después de 18 años, se produjeron los primeros incidentes.

Ese supuesto rencor de la afición navarra hacía el Real Madrid por lo sucedido en esos dos precedentes, desde luego no afectaba a las relaciones entre los dos clubes. Osasuna traspasó hasta tres jugadores de manera consecutiva al club presidido por Santiago Bernabéu. El primero fue Pachín en el verano del 59. Después, en abril del 61, Félix Ruiz y Zoco, por seis millones de pesetas. El segundo quedó cedido un año en Pamplona y además el club blanco dejó en préstamo a Miche y Serena, que tras dos años como rojillo regresó a Madrid formado para ser campeón de Europa con los yeyés en 1966.

De todo lo sucedido en los posteriores partidos pueden hablar mejor que nadie los futbolistas que protagonizaron aquellos Osasuna-Real Madrid bañados en polémicas y situaciones que con el tiempo han quedado aparcadas pero no han desaparecido de la memoria de los que las vivieron. Paco Buyo, por su posición en la portería, fue durante esos años una de las víctimas más señalada por esa minoría, la más joven y radicalizada, que se situaba en la grada baja del fondo sur, la peña Indar Gorri (Fuerza Roja).

«Cuando cayó el petardo le dije al árbitro que se pusiera él de portero y nos marchamos del campo»

Paco Buyo

Ahora recuerda aquellos momentos con tranquilidad y resignación. «La gente tiene más en la memoria el día de los petardos (28-1-89) que se tuvo que suspender el partido, pero para nosotros ir a jugar a Pamplona siempre fue complicado. La atmósfera política que rodeaba los partidos era difícil de llevar. Parte del público era muy caliente y, como todo valía para debilitar al rival, los partidos se hacían muy difíciles. No sé si se puede hablar de miedo, pero algún compañero mío (Míchel) se negaba a sacar los córners… Si no era miedo, era al menos desagradable, preocupante. Nos lanzaban de todo y no pasaba nada».

Buyo está convencido de que lo que sucedía entonces es imposible que se diera ahora. «Hace tiempo que no sucede porque ahora te cierran el campo y no por un partido, sino por cuatro o cinco y eso te puede mandar a Segunda. La mentalidad de entonces a ahora ha cambiado radicalmente. A ellos ese ambiente les venía bien. Siempre entendimos que a esos partidos les rodeaba una cuestión política. El de los petardos no lo suspendió el árbitro. Lo suspendimos nosotros que nos íbamos del campo. Yo se lo dije al árbitro (Socorro González) cuando ya me iba para el vestuario. Te pones tú de portero y yo me voy. Cuando se sobrepasan ciertas las líneas los árbitros tienen que tomar medidas y como no lo hacían se lo dijimos claramente. O suspendes o nos vamos al vestuario y no se juega más. El ambiente hostil contra nosotros no permitía seguir jugando».

«Era un momento político tenso. Había presión y crispación con el Madrid»

Enrique Martín

Enrique Martín Monreal es una institución en el club osasunista. Primero como jugador (nueve temporadas, 1979-88) y después como entrenador en varias etapas, tanto en el primer equipo (siete) como el filial (seis) vivió todas aquellas experiencia con el Real Madrid enfrente. «Las sensaciones que se vivirán en el nuevo estadio y, además sin público, nada tendrán que ver con aquellas. Para nosotros, históricamente, la presencia del público nos puede suponer ser 10-12 puntos a la temporada. Ya pasaba en mis tiempos. Los partidos contra el Madrid siempre fueron especiales. Era un momento político bastante tenso. Estaba el Gobierno central, los atentados… Creo que era un asunto más político que otra cosa. El sentir de la sociedad se plasmaba ahí, en el estadio. Con el tiempo todo fue amainando. En los tiempos posteriores de Figo, Roberto Carlos… había tensión pero no la misma. Fue cambiando la gente que iba al estadio y se comenzó a aceptar de otra manera al Real Madrid. Había ganas, pero de otra forma. Incluso había aficionados que iban a recibir al equipo al aeropuerto».

Enrique también cree que la peor tarde de todas fue la que Buyo comentaba anteriormente. «Ese día ya estaba con Zabalza de segundo entrenador. Es verdad que se tiraron petardos y explotaron ahí, cerca de la portería. No sé, nuestros jugadores decían que a lo peor Buyo había exagerado un poquito, aunque claro hay que estar abajo…. Lo mejor es que con el tiempo todo fue pasando. Para nosotros el estadio era muy importante. Era presión de verdad. Había tensión, crispación con el Real Madrid. Más que con cualquier otro club. Es verdad que hasta nosotros mismos pensábamos que algún día podía pasar cualquier cosa. El ambiente era fuerte, intenso. Para nosotros era muy favorable porque influía en el Madrid, en el árbitro, quieras o no, había que estar ahí».

Preguntado por los ‘enemigos’ preferidos de la afición, Martín tira de regate, como en sus buenos tiempos. «Con Juanito se metían mucho al principio, incluso sacaron al campo un cochino con su camiseta, pero cuando me lo traje un año a unos San Fermines, se acabó aquello. Más adelante se metían con Hugo Sánchez, que le iba la marcha, le encantaban esos ambientes. Disfrutaba. Y con Míchel también se metían un poco. Tenía una imagen que el público tenía señalado y no creo que ajustara realmente a lo que era. Pero con los Camacho, Santillana… nunca hubo problemas».

«Me dieron un castañazo en un ojo y desde entonces el iris no se me cierra del todo»

Ricardo Gallego

Ricardo Gallego, nueve temporadas en el Real Madrid (1980-89) también vivió en primera persona el ambiente de El Sadar y en octubre del 86 fue alcanzado en un ojo por una castaña. «¿Miedo? No. Miedo no, pero sí era desagradable más que peligroso. Se pasaba mal. El árbitro se ‘cagaba’, pero la realidad es que todo se creaba en una esquina, gente joven que iba a la bronca, no al partido. Les dejaban hacer el tonto y lo hacían. Ni siquiera era el fondo entero. El resto del estadio era fenomenal. Si lo mismo había más del Madrid que de Osasuna. Ese día me alcanzó una castaña. La vi en el suelo después de que me diera. Me acerqué a la banda porque habían alcanzado a Valdano con un tornillo y entonces me cayó. Tuve la suerte que me dio con la parte lisa. Tenía los ojos abiertos y me alcanzó el derecho. Me dio en todo el centro. Desde entonces tengo el ojo mal. Cuando hace mucho sol lo paso mal. El iris no se me cierra del todo. Me quedó esa secuela para toda la vida».

Recuerdos que ahora quedan en anécdota y que explican cómo eran aquellos Osasuna-Real Madrid. Mucho más que fútbol.

Desde un cerdo con la camiseta de Juanito a la suspensión de un partido pasando por el lanzamiento de botellas, tornillos, castañas, petardos… y una aceitera.

La identificación de Osasuna con El Sadar es una constante histórica que se pretende mantener viva. En el video de presentación de ‘Muro Rojo’, el proyecto ganador de la reforma del estadio, late este mensaje: «¿Qué es Osasuna? Lucha. Orgullo. Afición. ¿Qué es ser osasunista? Emoción. Coraje. Entrega. ¿Cómo debe ser El Sadar? Temible. Atronador. Un muro para el visitante. La propuesta mantiene la esencia de El Sadar, generando un estadio atronador, difícil y temible que potencie el acompañamiento al equipo y la presión del público sobre el rival, señas de identidad de Osasuna».

Un sentimiento de presente malinterpretado por unos pocos en aquellos años 80 en los que cada visita del Real Madrid a Pamplona estaba plagada de incidentes más propios de una crónica de sucesos que deportiva. En febrero de 1981 los blancos visitan por primera vez El Sadar y comienza la batalla. Guruceta tiene que suspender momentáneamente el encuentro porque unos aficionados, increíblemente sentados a pie de campo, comenzaron a lanzar naranjas y bolas de nieve contra la portería defendida por García Remón. Uno de ellos alcanzó a un juez de línea. Tras un intento inútil de desalojar a esos aficionados, el partido se reanudó y acabó con victoria blanca (1-2).

Al siguiente año, apareció en el césped un cerdito con la camiseta de Juanito, con el extremo blanco formando parte del equipo blanco. En el 86 los objetos que alcanzaron a Gallego (castaña) y Valdano (tornillo) significaron el cierre del estadio por un partido. Empeoró la situación meses después en la Copa. En la víspera hubo un cruce de declaraciones entre jugadores de ambos equipos y tuvo que intervenir hasta la AFE para calmar los ánimos. Camino de Pamplona, en un accidente de coche, fallecieron el colegiado del partido, Emilio Guruceta y uno de sus auxiliares, Vidal. No se suspendió el encuentro que fue dirigido por Pes Pérez. A pesar de reforzarse la seguridad, los incidentes alcanzaron un tono mayor. El acta arbitral recogió que sus jueces de línea fueron bañados con vino y que entre los objetos lanzados apareció un conejo. El Comité de Competición volvió a cerrar el estadio, pero el de Apelación revocó la sanción.

En enero de 1989 llegó lo que se temía desde hacía tiempo. El lanzamiento de objetos, petardos incluidos, -uno de ellos le explotó a Buyo en los pies- obligó, después de dos interrupciones, al colegiado Socorro González a suspender el encuentro en el minuto 47, ante la amenaza real de los jugadores del Madrid de abandonar el campo. Osasuna ganaba 1-0 con gol de Pizo Gómez. La Federación clausuró El Sadar con tres partidos y el resto del encuentro se reanudó en La Romareda de Zaragoza a puerta cerrada en el mes de mayo. Hugo marcó el empate para el Madrid.

No desaparecieron los incidentes con el nuevo siglo, aunque, cierto es que el ambiente no era ya tan hostil. El 30 de abril de 2006, Daudén Ibáñez reflejó en el acta la caída al campo de una «aceitera de metal de 15 centímetros» tras el gol del brasileño Baptista. Ese mismo año, el 12 de noviembre, Casillas, cayó al suelo alcanzado por el lanzamiento de un mechero, según recogieron las cámaras de televisión. No pasó a mayores.

La cara amable del estadio osasunista la vivió el Real Madrid el 4 de mayo de 2008. Allí se proclamó campeón de Liga con Bernd Schuster de entrenador y tras un partido épico. Los blancos jugaron con diez casi toda la segunda parte por expulsión de Cannavaro. Osasuna se adelantó en el 83 con un gol de penalti marcado por Puñal y la remontada llegó con Heinze lesionado y tantos de Robben e Higuaín.



Source link

Deja un comentario