La magia de Europa o el caos en el Madrid

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Media temporada y se adivina el campeón. No es otro que el Atlético de Madrid. Quién lo diría después de 15 años de masivo poder del Real Madrid y Barcelona, sólo quebrado en 2014 por el equipo de Simeone. Más impactante que el futurible del campeón es el abismo que el Atlético ha abierto a su espalda. Partido tras partido mantiene el ritmo que generalmente acredita al ganador del campeonato, por encima de los 90 puntos. El Madrid ha bajado tanto su porcentaje de puntos que su única posibilidad de salir vivo de la temporada está en Europa.

La Liga de Campeones premiará desde febrero otro tipo de botín. Partidos de eliminatoria, a doble vuelta, con una gran influencia de los goles marcados fuera de casa. Partidos que suelen gobernar los equipos con raigambre en la competición. Llegan los nuevos ricos (París Saint Germain, Manchester City…), pero en los 12 últimos años sólo el Chelsea ha roto la hegemonía del Madrid, Barça, Bayern y Liverpool, multicampeones desde hace décadas.

Al Madrid le toca regresar a este escenario, que le resulta más cómodo que a los demás. Regresará de la mano de Zinedine Zidane, un maestro en el arte de caminar al borde del despeñadero. No le quedará más remedio que repetir la magia, porque el equipo se ha hundido. Eliminado de la Supercopa por el Athletic y de la Copa por el Alcoyano, su trayectoria en el campeonato de Liga es vertical, pero en la mala dirección.

Regresó a su estadio de Valdebebas después de un mes de gira por Elche (empate), Pamplona (empate), Vitoria (victoria) y los fiascos de la Supercopa y Copa en Málaga y Alcoy. La vuelta a casa fue igual de decepcionante. Se quedó muy pronto con 10 jugadores, en una situación que vivió al revés no hace mucho, contra el Athletic, tras la expulsión de Raúl García en el minuto 12. Sufrió una barbaridad para ganar aquel partido y perdió en el enfrentamiento con el Levante.

Los jugadores del Real Madrid, volviendo al vestuario tras la derrota ante el Levante en el Alfredo Di Stéano.

Famoso por su orgullo, el Madrid se crecía en la adversidad. Cualquier cosa le desanima ahora. El viaje a Pamplona, por ejemplo. La expulsión de Militao. Las decisiones arbitrales. Jugadores, portavoces Butragueño, el sábado y Zidane en alguna ocasión han tirado públicamente de coartadas para justificar los malos resultados. Es una mala estrategia. En el Madrid es pésima.

Proyecto. La crudeza de la realidad es muy diferente. El Madrid ha fichado mal y caro en los últimos años, depende de un pequeño grupo de grandes pero muy veteranos jugadores, la aportación de los suplentes es mínima, en el mejor de los casos, algunas posiciones están desabastecidas (Casemiro no tiene sustituto) y el futuro pinta mal, salvo que se produzca una revolución. El Bernabéu sólo escucha el ajetreo de las grúas, pero crece el ruido sordo en el madridismo.

Con un jugador menos, el Madrid se adelantó en el marcador, situación favorable a la épica, a un mensaje de orgullo y prestancia tanto a sus rivales como a la hinchada. El equipo no está para esos trotes. Se disolvió frente a un adversario que no se inmutó por el gol. El Levante jugó como si no temiera al Madrid. Le superó con suavidad, por puro empaque.

La derrota deja al Madrid fuera de la lucha por el título. Hace tiempo que el Atlético dejó de flagelarse con excusas, la mala costumbre que ha empezado a adquirir el Real Madrid, abocado a un ejercicio de supervivencia en la Copa de Europa, donde tendrá que dejarse de tonterías. O se agranda, y no será fácil a la vista de lo que sucede, o se expone a un temible final de temporada.



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