Real Madrid – Levante | La inhibición de Zidane y Hazard

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De chasco en chasco, donde el consuelo de ganar ya solo le acompaña pasajeramente, el despeño del Madrid no tiene fin. Todo le va a la contra de forma merecida, indolente y desajustado, tan terrenal e indiferente su juego que se ve subyugado por cualquier rival. Un Levante siempre atrevido, que se empecinó en comprometerse a sí mismo en algún momento, tomó la casa blanca con suficiencia. La expulsión de Militao tras errores encadenados en la presión y en la fijación de las marcas condicionó todo el partido y abarató todavía más la faena al equipo granota. Jugar con uno menos tanto tiempo supone una desventaja clara, pero más quebranto causó al Madrid la inacción de Zidane (y Bettoni) ante lo que sucedió. Es cierto que sus opciones de banquillo eran mínimas. No obstante, el Madrid se pegó otro tiro al pie al colocar a Casemiro de central y descompensar todo el bloque defensivo. Con el brasileño en el área nadie corrigió.

Al dictado de Malsa, el Levante filtró balones interiores para los puntas o Melero y Morales y abrió los ataques por los costados con Miramón y Clerc. Tocó fácil y bien en campo contrario, pese a algunas pérdidas en zonas oscuras que le pudieron dar más que un susto. La flemática basculación, expuestos Odriozola y Mendy ante la falta de ayudas o ayudas fallidas, y la desconexión defensiva de Modric y Kroos por dentro descosió a un Madrid que solo hace que agravar la coyuntura dramática en la que está hundido. Zidane no hizo nada por recomponer la situación, esperando un golpe de suerte. Tampoco Hazard, cuya inhibición sigue siendo denunciable. No es que apenas aporte, es que no se ofrece. Sin más soluciones, con jugadores instalados en un bache de confianza como Odriozola y Vinicius atribuible también a las decisiones de su entrenador, el Madrid entierra cada día sus exiguas opciones ligueras. El fenómeno en sí no origina ninguna extrañeza. El Madrid está hoy para lo que está, que es nada.

Miramón, siempre liberado

El lateral del Levante tiene pista libre ante el cambio de orientación de Malsa. Hazard pierde siempre sus vigilancias en un Madrid que bascula muy lento. Ocurrió de forma reiterada.



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