RM 1 – 2 ATH: Supercastañazo

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Supercastañazo en la Supercopa, porque que el campeón de Liga caiga en semifinales ante el Athletic (1-2) en este nuevo formato de torneo lo es. Lo fue para el Barcelona el curso pasado y es exactamente el mismo guantazo en la cara para el Madrid en éste. Dos errores groseros de Lucas Vázquez que provocaron sendos goles de Raúl García dejaron al Madrid a pedir espetos en Málaga: el tanto de Benzema que recortó distancias no fue suficiente para espabilar a un equipo que en la primera parte pareció estar de vacaciones, y eso que la sabiduría popular reseñaba que el Madrid siempre comparece los días clave. En La Rosaleda no lo hizo durante muchos minutos y así le fue.

Zidane, al que se le podrán achacar muchas cosas pero desde luego no el que no dé la cara por los suyos, lleva años defendiendo a Lucas Vázquez como si fuera Belén Esteban con Andreíta. Excepto un “yo por mi Lucas MA-TO” o un “que te comas el pollo, coño”, le ha tratado como un padre protegería a su retoño para prevenirle de las visicitudes mundanas. Pero ante el Athletic, Lucas desmontó el chiringuito en un momento en el que además su renovación está sobre la mesa y por tanto, su continuidad en el club no parece asegurada.

Luca ha tenido partidos magníficos. Otros regulares. Y algunos muy malos. En esta semifinal de la Supercopa le tocó uno de esos últimos. No será por ganas, por entrega, por compromiso o por amor al escudo. Pero le salió todo mal. En el minuto 19, decidió entregar a Benzema en la salida del área en vez de a Casemiro, junto a él. Recuperó Muniain, metió un balón clarividente a Raúl García y el delantero no perdonó ante Courtois. Luego, en el 38, Lucas erró midiendo un despeje ante Iñigo Martínez y, para resarcirse, le hizo un penalti de libro que no desaprovechó… Raúl García.

Es lo que tiene el fútbol. En el partido liguero ante el Athletic, hace un mes, Lucas Vázquez se marcó un partido colosal y Raúl García era expulsado casi sin romper a sudar por dos faltas absurdas. En la Supercopa, el de arriba repartió nuevas cartas y cambió la suerte de los dos jugadores. El fútbol tiene estas cosas.

El partido, más allá de los errores de Lucas, estuvo apretado. El Athletic salió apretando arriba, muy arriba, y a los de Zidane les costó un mundo entrar en el partido. Lo hizo gracias a una nueva apuesta del entrenador francés, desesperado por, año y medio después, activar a Hazard a toda costa. Un 4-4-2 con el belga y Benzema en punta, centrados. Durante un par de minutos, el ex del Chelsea se pareció a ese jugador que fichó el Madrid, al ex del Chelsea. Pero sin ganas, sin actitud y sin dejarse el alma en cada balón es complicado entrar en dinámica.

 

Estuvo mejor Asensio, después de que un partido más se demostrara que Benzema anda en estos meses en sus cosas, oliendo nubes, triscando alegremente por el campo, nada va con él. El balear dispuso de las dos mejores ocasiones de los blancos antes del descanso, pero sin puntería, y también en la segunda, con dos disparos al palo. Parece que por fin se ha quitado el disfraz de melancólico, que parecía más un cantautor que un futbolista, y está dispuesto a tirar la puerta abajo. Una excelente noticia para un equipo, el Real Madrid, necesitado de gol como sea.

El resto andaban más o menos dimitidos. También antes del descanso, mediante Williams, y justo después, por mediación de Muniain, el Athletic pudo incrementar su renta, sin . Marcelino ha hecho justo lo contrario que Juande Ramos: si el ex entrenador madridista se cortaba las uñas en el banquillo, el técnico asturiano ha decidido afilar las uñas de los leones. Y mientras, Zidane atinó, un día y sin que sirva de precedente, con los cambios: retiró a un asfixiado Modric y al transparente Hazard y la entrada de Vinicius y Valverde le dio al Madrid algo que no había tenido durante todo el partido, velocidad de balón. Y Benzema, en una jugada milimétrica validada por el VAR, recortó distancias. Courtois hizo su milagro de todos los días en un mano a mano de Villalibre, y el aire parecía haber cambiado: el Madrid estaba Poniente pero de repente estaba Levante.

No fue suficiente. El final de partido fue agónico. El Athletic decidió morir apretando arriba, y el Madrid las pasaba canutas para salir de su campo y proteger a Courtois tras pérdida. Pero cuando pasaba del círculo central, se abría un abanico de opciones ofensivas que esta vez, pese a que Sergio Ramos y Nacho estaban actuando de delanteros centro, no lograron aprovechar. El Madrid ha perdido el primer título de la temporada. Que sea el último.





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