SEV 0 – 1 RM: With or without you

by


-publicidad-

Se llama Yassine Bounou, pero el meta marroquí del Sevilla prefiere que le llamen Bono, y ese nombre lleva en su camiseta. El portero fue el autor del gol del Real Madrid que le dio los tres puntos (y un profundo respiro al entrenador blanco) a los de Zidane, al rebotar en él un remate defectuoso de Vinicius, que está consiguiendo hacer arte de sus malas definiciones. Como nadie sabe dónde va a chutar, es algo así como Rompetechos en la suerte final del fútbol, nadie sabe dónde ponerse. Y a base de pelotazos en tipos que parecían no intervenir en la jugada acaba marcando más goles que de remates limpios. Pero más allá de eso, Bono hizo bueno eso que marca al madridismo: lo importante es ganar, With or Without You. Siendo “you” el fútbol, claro. Di Stéfano tituló la canción, la misma, mucho mejor: “No me lo merezco pero lo trinco”. Tres a la buchaca y algo de aire para el club, en general.

Los partidos del Real Madrid comienzan un poco a ser como FITUR, el World Mobile Congress o el salón del automóvil. Porque todo es lo mismo: cambian los expositores (los titulares, para entendernos) pero al final es más de lo mismo, una suerte de Día de la Marmota (no quería utilizar la expresión pero al final es inevitable recurrir a territorios comunes) en el que siempre, siempre, pasa lo mismo.

Por entendernos. El Madrid salta al campo, al que sea y con el rival que tenga enfrente, espabilado, con todas las luces encendidas y los ojos bien abiertos. En campeón, vaya, o al menos en lo campeón que puede permitirse a estas alturas en la que todo está visto y revisto. La pujanza ofensiva de sus extremos (en Sevilla fueron Vinicius y Rodrygo) provoca algunos desajustes en la zaga rival, pero el Madrid es incapaz de materializar las dos o tres ocasiones que crea en los primeros diez minutos, bien por falta de puntería o bien porque una serie de catastróficas desdichas impiden que el balón acabe entrando en la portería. El rival se asienta en el campo tras esos sustos y, aunque no crea nada de peligro (nada es nada, Courtois podría aprender punto de cruz sentado en un taburete durante los ratos libres acumulados en las primeras partes de los partidos), consigue blindar a su portero.

En el Pizjuán, el Madrid dispuso de tres ocasiones en los primeros diez minutos, todas pasaron por pies de Vinicius y en alguna de ellas bien asistido por Rodrygo, y de repente el equipo se atascó y dejó de llegar. Modric, Casemiro y Kroos, con quienes insiste Zidane cada vez que tiene ocasión, no han logrado controlar el tempo de un partido seguido desde la final ante la Juventus en Cardiff. Y ya han pasado tres años largos desde aquello. Pero ahí siguen: Zidane no le pasa la gamuza a su armadura y ésta chirría de lo lindo de vez en cuando. Alguien debería, a lo mejor, decírselo. Con Benzema muy desacertado, excepto en un buen remate lejano que sacó Bono con un paradón, sólo los dos brasileños meneaban el avispero. Demasiado poco. Y pese a las inseguirades iniciales de la zaga y el meta sevillistas, no insistieron para tratar de provocarles un ataque de pánico. Así que al descanso la cosa se quedó en 0-0.

En la segunda parte, el adversario sale más metido (a veces ayudado por algún cambio mientras Zidane no toca nada), y el Madrid vive en su campo, ya no en el contrario. Eso hace que el adversario viva más cerca de Courtois y, por una mera cuestión estadística, tenga alguna ocasión. En partidos anteriores al del Pizjuán, un desajuste defensivo o un error apuntillan al equipo. El Sevilla tuvo la primera a centro de Navas, con un remate en chilena de De Jong que le salió demasiado centrado. Y al poco, una velocísima contra de un Madrid agazapado acabó, tras centro de Mendy, en gol de Vinicius. O de Bono. O de cualquiera sabe de quién, porque los goles del brasileño más destartalado en el remate de la historia son todos así de raros. Como el cuento del Madrid esta temporada. La historia se reescribía, al fin, y Zidane pudo desabrocharse el botón del cuello de la camisa.

Lopetegui hizo un triple cambio pero el sentido del viento no cambió, el gol con el remate raruno de Vinicius había cambiado el sino del partido. Courtois vivía cómodamente (Bono también, después de su cante) y Ocampos estaba bien amarrado por Mendy y Lucas Vázquez, según por dónde apareciese. Apenas un par de sustos de Gudelj y Suso que no encontraron portería llevaron algo de inquietud a la zaga blanca hasta que un paradón de Courtois tras acrobático remate de Ocampos impidió el empate hispalense. Ahora tocan Gladbach y Atlético, en otras dos finales decembrinas, por la Champions y por LaLiga. Esto no da respiro, aunque Zidane no agote cambios nunca. A por ellas.





Source link

Deja un comentario